Venezuela es una zona de guerra

Desde que el autoritario Hugo Rafael Chávez Frías asumió el poder en 1999, pocos se atrevieron a vaticinar el panorama actual. Y es que con o sin Chávez, el resultado sería el mismo. Corrupción, tráfico de influencias y propaganda internacional han sido posibles gracias a la época de vacas gordas que vivió el país caribeños por muchos años.

Venezuela cuenta con las reservas de petroleo más grandes del mundo. Sin embargo, durante una buena época el país gozó de una gran abundancia. Con un barril a por encima de los 100 euros, cifra histórica, se robó dinero y se hizo propaganda. La Venezuela una vez admirada durante las décadas de los 50, 60 y 70, se convirtió en un desastre. Es un país en ruinas, aún cuando jamás había recibido tanto dinero.

Sus políticas enfermas y, podría decir, fascistas, han llevado a los venezolanos a la miseria.

Ciudadanía en rebeldía

Un país sin medicinas, alimentos básicos, azotado por la delincuencia y con un control de cambio de moneda es una bomba de tiempo. Una bomba que ha sido detonada y se ve envuelta en una explosión en cámara lenta.

Protestas en Caracas, Venezuela. Imagen cortesía del Clarín.

La mayoría de los ciudadanos no están contentos con la gestión – ¿quién lo estaría? – y las protestas han sido inminentemente violentas. Ya sabemos como responden las dictaduras: con armas, torturas y arrestos. Ya sabemos como actúan los fascistas: con genocidio y con una propaganda para distorsionar la realidad.

Desde que el Tribunal Supremo de Justicia le arrebató poderes a la Asamblea Nacional, que lidera la oposición por voto popular, empezaron las protestas. De momento, van más de dos meses de protestas diarias ininterrumpidas y van 75 muertos.

Maduro aseguró recientemente que defendería la revolución, y dijo que “Lo que no se pudo con los votos, lo haríamos con las armas”